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viernes, 24 de enero de 2020

Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?”

¿Dónde se encuentra el Señor?
En el silbo apacible y delicado: “Aureliano vino resoplando de furia, por ello dijo con mucha bulla: “¡No estoy dispuesto a perdonar esto! ¡No! Voy a ir donde Eustorgia y le gritaré para que vea lo errada que está, no importa que la humille y le afecte, con esto ella aprenderá. Y sé a lo interno que de Dios es este enojo que siento por dentro”—gritó a los cuatros vientos. Su maestro, el sabio Gaudencio, esperó que a que se calmara y luego le dijo estas palabras: “Dios nunca estará en el grito, ni en el golpe; ni en la humillación que tú a otros provoques. Dios está en el diálogo y la reconciliación, en el perdón y en la honesta confesión” Cuentos del Reino; Daniel Aragón; “Dios está en el silbo del viento apacible”; 23-01-2020.

Dios no se encontraba en el violento terremoto, ni en el fuego intenso, sino que en “un silbo apacible y delicado”.  Tengo que hallar esa gracia de Dios que me dé esa brisa refrescante para no responder con fiereza, que me calme y sea delicado, cuando me responda violentamente. Que me tranquilice ante la crítica, el señalamiento o la denigración; que pueda responder con lo mejor; lo mejor de Dios en mí. “Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?” 1Re.19:12-13.

Padre, te pido humildad para poder estar siempre tranquilo y no violentarme; ni con palabras, ni con actos, ni con actitudes. Que sea como tu silbo apacible y suave, y pueda bendecir a quien me agrede o me hiera, en el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón, Feliz día en el Señor.

miércoles, 30 de enero de 2019

Un susurro apacible y delicado


¿Dónde se encuentra el Señor?
En el viento apacible y delicado: “Fue un momento acalorado; en realidad ambos estábamos muy enojados. Nos dijimos cosas fuertes y nuestra relación está a punto de romperse.”—explicó fervientemente Aurelio a su maestro el sabio Gaudencio. Este le dijo esto: “Debes de pedirle a Dios que te dé paz entre tu impulso y acción. Mejor, durante el enojo; en vez de encender acalorado fuego, deja correr en ti el apacible viento y responde con un susurro” Cuentos del Reino; “No en el fuego sino en el apacible viento”

Tenemos que solicitarle al Señor humildad para poder hacer posible que sobre mí venga una brisa refrescante y no digan después que yo me acaloré. Que en vez de una respuesta fiera, sea una bendición sincera, que la crítica la convierta en criterio; que sea el silencio el mudo testigo, de que mi lengua ofender no quiso. Porque Dios no se encuentra en un terremoto o en un inmenso fuego, sino en ese viento fresco, en el susurro dulce y apacible. “Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.” 1R.19:12.

Padre, permíteme dominar mis impulsos acalorados por respuestas apacibles y delicadas. Que pueda ser posible que Tú me refresques con el viento apacible de tu Santo Espíritu para calmar mi furor, y responda yo con susurros amables, en el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz día en el Señor.