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martes, 6 de febrero de 2018

No temeré lo que me puedan hacer

¿Si Dios está conmigo, debo de temer lo que me puedan hacer?
He de aprender a no temer lo que alguien me pueda hacer: “Cuando las cosas se ponen muy duras, la aceptación agradecida de mis bendiciones, repetida frecuentemente, también puede traerme algo de la serenidad de la que habla nuestra oración. Cada vez que me encuentro sometido a graves tensiones, alargo mis paseos diarios y voy recitando calmadamente nuestra Oración de la Serenidad al ritmo de mis pasos y de mi respiración. Si me parece que mi dolor ha sido ocasionado en parte por otros, trato de repetir, "Dios, concédeme la serenidad para amar lo mejor de ellos y nunca temer lo peor." Este benigno proceso curativo de repetición, en el que a veces es necesario persistir por algunos días, raras veces ha fallado en devolverme un equilibrio emocional y una perspectiva suficientes por lo menos para seguir.” William Wilson; “El Lenguaje del Corazón”; “¿Qué es la aceptación?”; pág.272.

No es fácil recibir daños y ofensas de las personas. Es difícil soportar el dolor, la traición, el engaño, la estafa.  Y no tanto de personas ajenas, lo más tremendo de soportar es de aquellas que están a mí cercanas. Ahora, sí yo tengo plena consciencia que el Señor está conmigo, y a sus propósitos le sirvo, ¿Por qué he de temer que algo de eso a mí me puedan hacer? Si a Él estando aquí, ¿cuántas injusticias no le hicieron? Y Jesucristo, nunca tuvo temor. Porque Él sabía y vivía que: “Jehová está conmigo; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre.” Sal.118:6.

Padre, que mi fe sea fortalecida en Ti para poder orar y repetir que no sólo perdono a los que me ofenden, sino que pueda estar seguro que en nada me pueden dañar y afectar, en el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón.  Feliz día en el Señor. 

sábado, 14 de octubre de 2017

Tener la razón es animar y edificar a los demás

¿Qué debemos hacer para mejorar la comunicación?
Animarnos los unos a los otros, así como también edificarnos: “Son unos ineptos, la verdad es que en el equipo ya no los quiero.  Le hablo y hablo; les digo y les dijo, y constantemente les enseño; pero ustedes parecen estar como dormidos, con sueño.  Y otra vez les digo: razón como siempre, yo la tengo”—comunicó estas palabras duras Eulalio a su equipo de trabajo.  El sabio jefe Gaudencio lo llamó aparte y así le espetó: “Ese argumento de “tener razón” te traerá problemas al por mayor.  Realmente Eulalio, debes de sufrir de baja autoestima, pues sólo así se estima que tratas de elevarte siempre más, rebajado a los demás.  Eso a ti no te eleva ni te hace superior. Debes de saber que dependemos los unos de los otros en amor, para ayudarnos a cubrir los vacíos de nuestra compresión.  Vivimos seguros y ayudamos a otros, cuando dejamos de depender de nuestro propio poder” Cuentos del Reino, Daniel Aragón.  “Anima en amor, para fortalecer la compresión”; 13-10-2017. 

Es como un sello que ponemos, o al menos eso pretendemos, cuando imponemos nuestros argumentos.  Queremos dejar sentado que tenemos la razón sea cual sea el resultado en los demás al ofenderlos, rebajarlos y lastimarlos.  Queremos ser el centro de la atención, y nos creemos el pavo real, el rey del universo.  Esto en la casa, en el trabajo, en la comunidad, en la iglesia. Pero lo que se trata es de juntos colaborar, animarnos y edificarnos. “Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como hacéis” 1Ts.5:11.

Padre, que en nosotros siempre haya humildad a la hora de exhortar y remendar.  Que podamos utilizar el animarnos y edificarnos, que tengamos esa palabra de sabiduría en nuestras vidas para los demás.  En el nombre de Jesús, amén.  Tu hermano y amigo Daniel Aragón.  Feliz día en el Señor.