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miércoles, 14 de marzo de 2018

La labor del consejero

¿Cuál es la labor de un consejero?
Derribar miedos, soberbia e ignorancia en el receptor del exhortado: “Si nos estamos engañando a nosotros mismos, un consejero competente puede verlo rápidamente. A medida que él nos ayuda a salir de nuestras fantasías, nos sorprende descubrir que cada vez sentimos menos la acostumbrada ansia de defendernos contra las verdades desagradables. No hay mejor forma de hacer desaparecer el miedo, la soberbia y la ignorancia. Al cabo de un tiempo, nos damos cuenta de que tenemos una base nueva y sólida para nuestra integridad.”  Bill Wilson, “El Lenguaje del Corazón”; pág.265.

Lo difícil del consejero es hacer vencer el miedo, la soberbia y la ignorancia del aconsejado.  El problema de los que reciben consejos, es que quieren escuchar lo que quieren escuchar. Porque la soberbia nos sobrecoge y no queremos que se nos contradiga. El profeta Daniel le sirvió a Nabucodonosor de consejero y le habló claramente: “Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad.” Dn.4:27.

Padre, que no tengamos que pasar como Nabucodonosor, quien pasó loco por siete años por no escuchar el consejo del profeta Daniel.  Que nos dispongamos de corazón a poner oído presto y aceptar el consejo y la corrección, en el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz día en el Señor.

martes, 6 de febrero de 2018

No temeré lo que me puedan hacer

¿Si Dios está conmigo, debo de temer lo que me puedan hacer?
He de aprender a no temer lo que alguien me pueda hacer: “Cuando las cosas se ponen muy duras, la aceptación agradecida de mis bendiciones, repetida frecuentemente, también puede traerme algo de la serenidad de la que habla nuestra oración. Cada vez que me encuentro sometido a graves tensiones, alargo mis paseos diarios y voy recitando calmadamente nuestra Oración de la Serenidad al ritmo de mis pasos y de mi respiración. Si me parece que mi dolor ha sido ocasionado en parte por otros, trato de repetir, "Dios, concédeme la serenidad para amar lo mejor de ellos y nunca temer lo peor." Este benigno proceso curativo de repetición, en el que a veces es necesario persistir por algunos días, raras veces ha fallado en devolverme un equilibrio emocional y una perspectiva suficientes por lo menos para seguir.” William Wilson; “El Lenguaje del Corazón”; “¿Qué es la aceptación?”; pág.272.

No es fácil recibir daños y ofensas de las personas. Es difícil soportar el dolor, la traición, el engaño, la estafa.  Y no tanto de personas ajenas, lo más tremendo de soportar es de aquellas que están a mí cercanas. Ahora, sí yo tengo plena consciencia que el Señor está conmigo, y a sus propósitos le sirvo, ¿Por qué he de temer que algo de eso a mí me puedan hacer? Si a Él estando aquí, ¿cuántas injusticias no le hicieron? Y Jesucristo, nunca tuvo temor. Porque Él sabía y vivía que: “Jehová está conmigo; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre.” Sal.118:6.

Padre, que mi fe sea fortalecida en Ti para poder orar y repetir que no sólo perdono a los que me ofenden, sino que pueda estar seguro que en nada me pueden dañar y afectar, en el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón.  Feliz día en el Señor. 

viernes, 23 de junio de 2017

¿Qué sucede cuando buscamos a Dios?
Nos libra de todos nuestros temores: “El lograr liberarse del miedo es una empresa para toda la vida, empresa que nunca se puede terminar completamente.  Al vernos asediados ferozmente, seriamente enfermos, o en otras circunstancias de gran inseguridad, todos nosotros reaccionaremos a esta emoción -de buena o mala forma, según el caso.  Sólo el que se engaña a sí mismo pretenderá estar completamente libre del miedo.”   Bill Wilson; COMO LO VE BILL, p. 263.

El miedo, el temor es una emoción natural e instintiva.  La experimentamos cuando nuestro ser está realmente en peligro.  Esta emoción provoca cambios en nuestro cuerpo, predisponiéndolo al combate, a un enfrentamiento cercano, a un encuentro traumático.  El miedo excesivo, el temor sin control puede provocarnos daños en el sistema nervioso, hacer que perdamos el apetito y hasta el sueño.  Nos llegará a provocar ansiedad y luego a enfermarnos peligrosamente.  Cuando experimentamos una relación con Dios, somos libres del espanto, el terror y el pavor que ocasiona el miedo descomunal; por eso con Él, todo temor se va: “Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores.” Sal.34 :4.

Padre, gracias te doy porque me has librado de todos mis temores.  Porque cuando te conozco sé, por medio de tu Palabra, que en Cristo somos vencedores hasta de la muerte misma.  Gracias por esa liberación del temor, en el nombre de Jesús, amén.  Tu hermano y amigo Daniel Aragón.  Feliz día en el Señor.