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miércoles, 16 de agosto de 2017

La buena Palabra sana y alegra el corazón del hombre

¿Qué afecta el corazón del hombre?
La angustia: “Son numerosos aquellos que han conocido trastornos emocionales más grandes que los míos. Y otros muchos, más ligeros. Pero todos nosotros los tenemos de vez en cuando. No creo que debamos lamentar estos conflictos. Parecen ser un ingrediente indispensable en el proceso de lograr la madurez, tanto emocional como espiritual. Constituyen la materia primordial con la que forjamos una parte sustancial de nuestro progreso.”  Bill Wilson; “El Lenguaje del Corazón”; “La humildad para hoy” pág.258.

En este mundo afectado todos nosotros, de una manera o de otra, hemos sido dañados en las emociones.  De ahí que nos aquejan los trastornos emocionales.  Cómo nos enfrentamos a estos trastornos, determinará nuestra madurez emocional o no. Cuando tenemos palabra buena, promesas de Dios que siempre son amén; cuando comprobamos la efectividad de la misma, esto nos hace sobrecogernos de la congoja, del abatimiento. Ello nos produce un crecimiento, una madurez emocional, alcanzamos sanidad en esta área.  Si no tenemos ese asidero, si no llegamos a tener a Dios y su Palabra, enfermaremos por nuestras emociones y ellas nos afectarán toda la vida.  “La congoja en el corazón del hombre lo abate; Mas la buena palabra lo alegra.”  Pr.12:25.

Padre, que cada uno de nosotros que hemos sido afectados en nuestras emociones, recibamos esa Palabra de Vida que nos trae sanidad emocional, e integral, así como vida eterna.  Porque Tú deseas que esto nos alegre y seamos emocionalmente maduros para tu gloria, en el nombre de Jesús, amén.  Tu hermano y amigo Daniel Aragón.  Feliz día en el Señor. 

martes, 13 de junio de 2017

¿Cuándo nos hace prosperar el Señor?
Cuando buscamos de todo corazón a Dios: “De repente, me di cuenta de lo que había de malo. Mi defecto principal y característico siempre había sido el de la dependencia - de una dependencia casi absoluta - de otra gente o de las circunstancias. Siempre había contado con que me proporcionaran el prestigio, la seguridad, y cosas similares. Al no conseguir estas cosas tal y como las quería y conforme con mis sueños perfeccionistas, yo había luchado por tenerlas. Y cuando me vino la derrota, me sobrevino la depresión.  No tenía la menor posibilidad de convertir el amor altruista de San Francisco en una feliz y practicable manera de vivir hasta que no se extirparan esas dependencias funestas y casi absolutas.”  Bill Wilson; “El Lenguaje del Corazón”; pág.237.

Eventos traumáticos vividos en la niñez o adolescencia en este mundo afectado y caído minan nuestra estabilidad emocional y nos hacen llegar a ser dependientes de los demás, de una manera extrema y maníaca.  Dependemos de los buenos conceptos que puedan decirnos, de sus favores, de sus regalos, de sus presencias, de su sustento, de sus caricias y amores.  Sabemos que necesitamos de todo esto, pero cuando el depender de ellos se vuelve ponderada y la sentimos de vital importancia; de vida o muerte, y no llegamos a obtener de ellos lo que pretendemos, caemos enfermos de depresión y muerte.  No es así cuando buscamos y confiamos en nuestro Dios quien en su relación nos hace sentir realizados y sanos.  Como el rey Uzías. “Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días en que buscó a Jehová, él le prosperó.”  2Cr.26:5.


Padre, enséñame a depender de Ti solamente, de confiar en tus promesas y tu relación plenamente en el nombre de Jesús, amén.  Tu hermano y amigo Daniel Aragón.  Feliz día en el Señor.