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jueves, 26 de julio de 2018

El justo da


¿Qué gana el justo cuando da?
Una estabilidad emocional: “Pasé mucho tiempo exigiendo a todo el mundo que me dieran bienes, dinero y afecto. Por dentro sentía una inquietud que me corroía, esto era porque una dependencia malsana mantenía. Era una expresión egoísta, pues era grande mi codicia; y sólo exigía y exigía, y mientras más para mí quería, más aumentaba lo que deseaba. Hasta que de pronto me vi angustiado, enfermo y nervioso.  Cuando llegué al Señor estaba desesperado, pobre, miserable y sumamente afectado. En esa condición Dios me dio la liberación y la salvación. Y luego logré mi estabilidad emocional en esfuerzos basados en el dar, y no en las exigencias que se me diera cada vez más y más.”—Confesó Eustaquio en la clase de emprendedores, mientras le aplaudían con honores.” Cuentos del Reino; Daniel Aragón; “La estabilidad económica y emocional, está en el dar a los demás”. 25-07-2018.

La codicia, ese deseo vehemente en nosotros de querer poseer bienes y riquezas, nos lleva realmente a la miseria o pobreza extrema. Quien también exige de los demás todo: atención, privilegios, demandas, y bienes, no sólo va rumbo a la ruina, sino que además vive afectado emocionalmente. Mas el que da con generosidad a los demás: tiempo, recursos, bienes, etc; no sólo aumenta en bienes, sino que además tiene garantizada la estabilidad emocional. “Hay quien todo el día codicia; Pero el justo da, y no detiene su mano.” Pro.21:26.

Padre, que jamás sea tacaño Señor, sino que siempre dé con esplendidez a las necesidades de aquellos que Tú estás bendiciendo. En el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz día en el Señor.

martes, 13 de junio de 2017

¿Cuándo nos hace prosperar el Señor?
Cuando buscamos de todo corazón a Dios: “De repente, me di cuenta de lo que había de malo. Mi defecto principal y característico siempre había sido el de la dependencia - de una dependencia casi absoluta - de otra gente o de las circunstancias. Siempre había contado con que me proporcionaran el prestigio, la seguridad, y cosas similares. Al no conseguir estas cosas tal y como las quería y conforme con mis sueños perfeccionistas, yo había luchado por tenerlas. Y cuando me vino la derrota, me sobrevino la depresión.  No tenía la menor posibilidad de convertir el amor altruista de San Francisco en una feliz y practicable manera de vivir hasta que no se extirparan esas dependencias funestas y casi absolutas.”  Bill Wilson; “El Lenguaje del Corazón”; pág.237.

Eventos traumáticos vividos en la niñez o adolescencia en este mundo afectado y caído minan nuestra estabilidad emocional y nos hacen llegar a ser dependientes de los demás, de una manera extrema y maníaca.  Dependemos de los buenos conceptos que puedan decirnos, de sus favores, de sus regalos, de sus presencias, de su sustento, de sus caricias y amores.  Sabemos que necesitamos de todo esto, pero cuando el depender de ellos se vuelve ponderada y la sentimos de vital importancia; de vida o muerte, y no llegamos a obtener de ellos lo que pretendemos, caemos enfermos de depresión y muerte.  No es así cuando buscamos y confiamos en nuestro Dios quien en su relación nos hace sentir realizados y sanos.  Como el rey Uzías. “Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días en que buscó a Jehová, él le prosperó.”  2Cr.26:5.


Padre, enséñame a depender de Ti solamente, de confiar en tus promesas y tu relación plenamente en el nombre de Jesús, amén.  Tu hermano y amigo Daniel Aragón.  Feliz día en el Señor.