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martes, 5 de junio de 2018

Si morimos a nuestro ego


¿Qué pasa si morimos a nuestro ego?
Llevaremos fruto: “En el proceso de aprender a amarme y amar a otros, sin condiciones, entiendo las palabras de San Agustín: “El amor mata lo que fuimos para permitirnos ser lo que no éramos.” Hivoc. Mi reflexión del día.

La transformación, el cambio, que se produce en uno a través del dolor, implica la rendición total del área en que Dios nos quiere transformado.  Para ello, al rendirnos, morimos a esa posición de resistencia, de entronización de nuestro ego. Damos paso en nuestra alma, del “yo” al “Yo Soy”, y en cuando esto sucede, morimos para llevar mucho fruto. “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” Jn.12:24.

Padre, gracias te doy por permitirme morir a mi ego en muchos aspectos, sé que aún he de morir en otras áreas, y que Tú con tu poder transformador me cambias hacia tu imagen para que lleve mucho fruto, en el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz día en el Señor.

martes, 13 de junio de 2017

¿Cuándo nos hace prosperar el Señor?
Cuando buscamos de todo corazón a Dios: “De repente, me di cuenta de lo que había de malo. Mi defecto principal y característico siempre había sido el de la dependencia - de una dependencia casi absoluta - de otra gente o de las circunstancias. Siempre había contado con que me proporcionaran el prestigio, la seguridad, y cosas similares. Al no conseguir estas cosas tal y como las quería y conforme con mis sueños perfeccionistas, yo había luchado por tenerlas. Y cuando me vino la derrota, me sobrevino la depresión.  No tenía la menor posibilidad de convertir el amor altruista de San Francisco en una feliz y practicable manera de vivir hasta que no se extirparan esas dependencias funestas y casi absolutas.”  Bill Wilson; “El Lenguaje del Corazón”; pág.237.

Eventos traumáticos vividos en la niñez o adolescencia en este mundo afectado y caído minan nuestra estabilidad emocional y nos hacen llegar a ser dependientes de los demás, de una manera extrema y maníaca.  Dependemos de los buenos conceptos que puedan decirnos, de sus favores, de sus regalos, de sus presencias, de su sustento, de sus caricias y amores.  Sabemos que necesitamos de todo esto, pero cuando el depender de ellos se vuelve ponderada y la sentimos de vital importancia; de vida o muerte, y no llegamos a obtener de ellos lo que pretendemos, caemos enfermos de depresión y muerte.  No es así cuando buscamos y confiamos en nuestro Dios quien en su relación nos hace sentir realizados y sanos.  Como el rey Uzías. “Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días en que buscó a Jehová, él le prosperó.”  2Cr.26:5.


Padre, enséñame a depender de Ti solamente, de confiar en tus promesas y tu relación plenamente en el nombre de Jesús, amén.  Tu hermano y amigo Daniel Aragón.  Feliz día en el Señor.