¿Qué le digo al
Señor enfermo?
Ten misericordia de mí y sáname: “La raíz del pecado ha brotado en las heridas del alma que me han provocado. No han quedado sanadas, por eso peco a mansalva. Mi pecado afecta a otros y me daña a mí, pero contra quien peco también es contra el Dios de mi existir. Y es a Él quien le suplico: ten de mí misericordia, y sana mi alma oh Dios de mis victorias.”—expuso Orquídea con rostro adusto. Su maestro, el sabio Gaudencio, le expresó con gusto: “Excelso: Reconoces tu error, se lo expones a Dios. Luego le suplicas misericordia y enseguida pides sanidad al mismo Jehová. Seguro que Él te perdonará y te sanará.” Cuentos del Reino; Daniel Aragón; “Sana mi alma oh Dios y restáurala”; 26-10-2025.
Las heridas del alma se producen desde nuestra niñez, adolescencia y juventud. Ellas son las causas de nuestra manera desbocada de reaccionar, lo que nos hace pecar. Somos nosotros los que lo hacemos, pues no tenemos el carácter para dominarnos y no reaccionar, sino antes reflexionar y obedecer a Dios. Por eso, cuando erramos, contra Dios pecamos. Estas heridas siguen sangrando y seguimos dañando a los demás. Sólo la guía del Espíritu de Dios, nos da la convicción de poder suplicarle: misericordia, perdón y sanidad del corazón. “Yo dije: Jehová, ten misericordia de mí; Sana mi alma, porque contra ti he pecado.” Sal.41:4.
Padre, has extendido para nosotros misericordias nuevas
cada mañana. Y esto para llegar a Ti y confesar nuestras fallas diarias. Y de esa manera poder suplicar que sanes
mis heridas del alma. Porque peco contra Ti y mi prójimo Señor. Sáname oh Dios
y restáurame, en el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz
día en el Señor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario