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viernes, 23 de febrero de 2018

Extraviados de espíritu

¿Quiénes aprenderán inteligencia y doctrina?
Los extraviados de espíritu y los quejumbrosos: “Vine al Señor, ¿y qué obtuve? Sólo males por doquier: del trabajo me despidieron, de mi esposa me separé. Ahora ella a mis hijos se va a llevar. ¿cómo pudo esto pasar? —se quejó Eulalio ante su maestro el sabio Gaudencio. Él le dijo sin vacilar: “La autocompasión o conmiseración es un mal que no te permite crecer ni desarrollar. Es ser un murmurador, te quejas de todo y de todos; mascullando por dentro tu dolor.  A todos responsabilizas, por supuesto, menos a vos. Es parte de una senda desviada del Camino, ese sendero Divino que Dios en Cristo nos ha regalado. Ahí está la verdad, ahí la paz. Ahí la sabiduría, ahí la inteligencia. Aprende pues a no quejarte más, y a tomar las riendas de tu vida y aceptar tu responsabilidad.” Cuentos del Reino; Daniel Aragón; “La autocompasión es un mal mayor”; 22-02-2018.

Todos de una manera o de otra hemos usado esta arma peligrosa: La autocompasión. Es dañina porque nos permite convertirnos en víctimas. Responsabilizamos a todos por nuestra afectada situación. A los padres, a los hijos, al (a la) consorte, a los amigos, al país, al trabajo, al jefe que tienes, al gobernante que está, y ¿por qué no?: A Dios nuestro Señor. La autocompasión, es parte de los caminos extraviados que hemos tomado. Pero hay una promesa en Dios: “Y los extraviados de espíritu aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina.” Is.29:24.

Padre, que la autocompasión sea fuera de mí, que pueda saber y entender que yo estoy en tus manos y tú tienes pleno control de mi vida. Que todas las cosas me son para bien, y que contigo aprenderé inteligencia, sabiduría y doctrina. En el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz día en el Señor. 

martes, 1 de agosto de 2017

¿Dónde nacen las acciones malvadas?
De las envidias, rivalidades, del egocentrismo: “El gran problema entre nosotros, es el síndrome del yo-yo.  Donde quieras que lances las propuestas, sugerencias y aportaciones al final todo te beneficia a ti, todo es “Sólo para mí”.  El síndrome del yo-yo es padre de la conmiseración, la autocompasión y la auto-absorción.  Lloras por todo, de todo te quejas, te sientes siempre la “víctima”, todo te molesta; porque quieres succionar personas, situaciones y privilegios.  Nos convertimos en los “hoyos negros” de la familia, amigos, del trabajo y del colegio.  ¿El síndrome del yo-yo tiene hijas?  Sí, son las rivalidades y las envidias.  ¿Tiene algún fruto esta acción?  Claro, acciones malvadas y confusión”—expuso el sabio Gaudencio a la congregación.”  Cuentos del Reino; Daniel Aragón; “¿Cómo nacen las acciones malvadas?  Por envidias y rivalidades expresadas” 1-08-2017.

La envidia, ese sentimiento nacido de ser un egocéntrico, es la gestora de rivalidades entre las personas.  A través de ella se planifican toda clases de acciones malvadas.  Es un problema esencial, que expresa la naturaleza humana caída y nos trae tantos problemas sociales vivenciales.  Es la más fuerte de las idolatrías, pues se manifiesta en egolatría.  Sólo puede ser resuelta cuando adoramos a nuestro Señor, a nuestro Rey y Dios; Jesucristo nuestro amado Salvador. “Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y toda clase de acciones malvadas.” Sgo.3:16 (NVI).

Padre, permítenos en Ti pensar en los demás y no en nosotros.  que el síndrome del yo-yo se convierta en las manifestaciones del “nosotros”; pero, sobre todo que, todo esté enfocado en Ti, tus planes y propósitos para tu gloria, en el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón.  Feliz día en el Señor.

sábado, 24 de junio de 2017

¿Conmiseración, resentimientos, envidias, falta de perdón, qué es?
Es egolatría. “Ayy de mí, pobrecito yo.  ¿Para qué nací?  Si salí de una familia disfuncional.  Desde niño fui abandonado, por eso no pude estudiar.  Odio a mi padre, porque no me dio atención y tiempo en todo momento.  Y mis amigos y compañeros pudieron tener la oportunidad de una mejor posición social”—se quejaba en puros lamentos Aurelio.  Gaudencio, que pasaba por ahí, de dijo con acierto: “¿Por qué te revuelcas en la conmiseración o en la autocompasión?  Estar llorando por los resentimientos, es vivir en el pasado, porque todo en ti está centrado.  ¿Estás enfermo por tu “justa ira”, adolorido por tu envidia?  Eso es mentira.  Sólo vives ahí preso de tus temores y ansiedades y te enfermas cada día.  Pero te digo: ¡Eso es egocentrismo, una forma de egolatría” Cuentos del Reino, Daniel Aragón; “Una manera de adorarme es quejarme” 23-06-2017!  

Fijémonos bien y meditemos cuál es nuestra situación: Cuando nos lamentamos, cuando nos quejamos, cuando sentimos pena y no participamos en algo, cuando estamos con envidia, cuando estamos resentidos, cuando no perdonamos, cuando sentimos que nadie nos quiere, cuando nos vamos de algún lugar u organización porque “no les importo” o no “me tratan bien”, etc.  Si buscamos nuestro bienestar en todo y nos sentimos desfallecer porque no obtuvimos lo que queríamos, eso es egocentrismo, egolatría.  Pero la Palabra de Dios me dice: “…porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás.”  Lc.4:8.

Padre, mi deber es pensar en Ti, en tu voluntad y en los demás.  Después debería estar mi bienestar.  Pero sólo Tú puedes provocar en nosotros ese deseo.  Haz en nosotros posible esto, en el nombre de Jesús, amén.  Tu hermano y amigo Daniel Aragón, feliz día en el Señor