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sábado, 15 de junio de 2019

Tú, pues, ¿qué dices?


¿Qué dice el Señor con respecto a las juzgar a los demás?
No juzguéis: “Aureliano llegó sonriendo, así comunicó contento: “Este Eulalio, no supo tener el valor para enfrentar a sus oponentes ni explicar si era mentira, cuando le preguntaron si él había andado con la Eufrosina: Les dijo “no quiero hablar de ello”, y se fue casi corriendo.” –dijo riéndose. Qué dice usted maestro. Su maestro, el sabio Gaudencio le reprendió diciéndole: “Aureliano, no juzgués a tus hermanos. El que juzga es el Señor, y Él nos dice: “No juzguen a nadie. Eso sólo lo hace mi Padre” Cuentos del Reino; Daniel Aragón; “No juzguen a nadie, juzgar es derecho del Padre”; 15-06-2019.

No nos hemos dado cuenta aún, que nosotros no tenemos ni el derecho ni la responsabilidad de juzgar a otros. Juzgar es fariseísmo y además creer que somos mejores que los demás. Por eso el enemigo siempre te está preguntando: “ante tal o cual cosa, ¿qué dices?”; y nosotros siempre podemos responderle como lo hizo Jesús: “El que esté libre de pecados, que tire la primera piedra” “le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.  Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?” Jn.8:4-5.

Padre, que tu Palabra y Poder me enseñe a no andar entremetiéndome en todos los problemas y asuntos de los demás, para terminar juzgándolos. Haz posible que pueda apartarme de tales cosas, en el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz día en el Señor.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Soy miserable, pequeño y no puedo


¿Qué percepción equivocada quita Dios de nosotros?
Creer que somos inferiores a otros: “Eulalio se sentía mal, así dijo sin más: “Maestro, ayúdeme. No quiero enfrentar los problemas, la realidad, porque estoy seguro que para resolverlos no soy capaz. Yo a la verdad, no tengo esa habilidad. Soy miserable, pequeño, no puedo, ni doy más” –dijo convencido de sí mismo con cierta seguridad. El maestro le expresó con amor: “Eulalio, lo que tienes es un complejo de inferioridad. Tienes lástima de ti mismo y estás huyendo de cada responsabilidad. Necesitas a Jesucristo y su Santo Espíritu; Él de ese estado te sacará, ya lo verás” Cuentos del Reino; Daniel Aragón; “Con Cristo no eres inferior y eres mejor”; 28-11-2018.

El complejo de inferioridad es un sentimiento que hace creer a la persona que es de menor valor que los demás. Es una idea sugestiva que hace que la persona que la padece, tenga menos capacidades de la que realmente tiene. Lleno de frustraciones, conmiseraciones y quejas; quien padece esto se siente más pequeño, más indefenso, más inútil, más miserable, menos apto, menos capaz, menos valioso que los demás. Posiblemente pueda aparecer por tener una niñez afectada, con violencia, reprimenda y maldiciones. El Señor puede liberarte de estas ataduras mentales, como hizo con Gedeón que una vez pensó: “Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.  Jue.6:15.

Padre, en tu Palabra hay sinnúmero de promesas donde me dices que yo tengo un valor especial ante Ti, que puedo hacer cosas increíbles en tu nombre, y que soy mayor cuando sirvo a los demás: me das propósito, poder, servicio y amor; que no me hace superior pero sí mejor; en el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz día en el Señor.

viernes, 23 de febrero de 2018

Extraviados de espíritu

¿Quiénes aprenderán inteligencia y doctrina?
Los extraviados de espíritu y los quejumbrosos: “Vine al Señor, ¿y qué obtuve? Sólo males por doquier: del trabajo me despidieron, de mi esposa me separé. Ahora ella a mis hijos se va a llevar. ¿cómo pudo esto pasar? —se quejó Eulalio ante su maestro el sabio Gaudencio. Él le dijo sin vacilar: “La autocompasión o conmiseración es un mal que no te permite crecer ni desarrollar. Es ser un murmurador, te quejas de todo y de todos; mascullando por dentro tu dolor.  A todos responsabilizas, por supuesto, menos a vos. Es parte de una senda desviada del Camino, ese sendero Divino que Dios en Cristo nos ha regalado. Ahí está la verdad, ahí la paz. Ahí la sabiduría, ahí la inteligencia. Aprende pues a no quejarte más, y a tomar las riendas de tu vida y aceptar tu responsabilidad.” Cuentos del Reino; Daniel Aragón; “La autocompasión es un mal mayor”; 22-02-2018.

Todos de una manera o de otra hemos usado esta arma peligrosa: La autocompasión. Es dañina porque nos permite convertirnos en víctimas. Responsabilizamos a todos por nuestra afectada situación. A los padres, a los hijos, al (a la) consorte, a los amigos, al país, al trabajo, al jefe que tienes, al gobernante que está, y ¿por qué no?: A Dios nuestro Señor. La autocompasión, es parte de los caminos extraviados que hemos tomado. Pero hay una promesa en Dios: “Y los extraviados de espíritu aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina.” Is.29:24.

Padre, que la autocompasión sea fuera de mí, que pueda saber y entender que yo estoy en tus manos y tú tienes pleno control de mi vida. Que todas las cosas me son para bien, y que contigo aprenderé inteligencia, sabiduría y doctrina. En el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz día en el Señor. 

miércoles, 10 de enero de 2018

El cambio nos lleva a reconocer mis responsabilidades

¿Qué trae consigo el cambio personal?
La aceptación de mis responsabilidades: “La esencia de todo el progreso es la buena disposición de hacer los cambios que conducen a lo mejor y luego la resolución de aceptar cualquier responsabilidad que estos cambios nos entrañen.” Bill Wilson; “Como lo Ve Bill”, pág. 115.

Desde pequeños tratábamos de eludir las responsabilidades, no queríamos afrontarlas. Cuando hacíamos algo indebido y teníamos que vérnosla con papá o mamá, lo mejor era echar la culpa a otros (hermano (a), o amigo (a)). Sin embargo, cuando aprendemos de Dios y leemos su Palabra, adquirimos un nuevo estado de conciencia.  Este nuevo estado me hace asumir mis responsabilidades para enfrentar mis errores sin temor. Esto nos produce un cambio, y nos encamina hacia la perfección. “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.” Luc.19:8.

Padre, reconocer mis debilidades y errores, confesarlos delante de Ti y otra persona es importante, pero más es asumir y aceptar mi responsabilidad para responder por ella. Porque al hacerlo produce en nosotros un crecimiento hacia la imagen de Cristo.  Que tu amor me dé fuerzas para enfrentar las consecuencias de mis defectos y enmendar en el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz día en el Señor.