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martes, 12 de junio de 2018

La culpabilidad es de Satanás


¿Qué es lo que produce la culpabilidad?
La acusación de Satanás: “No sé qué hacer maestro, la culpa no me deja tranquilo—Gaudencio escuchó atento—He hecho mucho daño en el pasado y esto no me deja estar contento.” El sabio quedó un rato en silencio para decirle a Aurelio: “Dile a esas autoacusaciones del pasado: NO más. Ellas sólo pueden venir de Satanás. Recuerda, por Cristo has sido perdonado. Y si Dios es quien te justifica, ¿quién te acusará? Si Él es quien imparte la justicia.” Cuentos del Reino; Daniel Aragón; “¿Quién acusará a los escogidos del Señor?”; 11-06-2018.

Satanás, el adversario de Dios, es quien tiene el trabajo de acusar a la humanidad. Principalmente a los hijos de Dios. Ejerce su poder cuando las demás personas señalan y acusan a otra tercera, y ésta es sobrecogida con sentimiento de auto culpabilidad. Provoca depresión, angustia y lo envuelve en un estado emocional que hace enfermar a quien se siente culpable, provocándole incluso impulsos suicidas. De una cosa hemos de estar seguros: Cristo ya nos perdonó todos los pecados, y si usted ya pidió perdón a quien ofendió, no tiene por qué sentir ese terrible sentimiento. Recuerda: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.” Rom8:33.

Padre, Tú nos liberas del Acusador, de las acusaciones de tu adversario Satán, porque Tú ya has perdonado por Cristo Jesús, todos nuestros pecados. También nos das el arma de pedir perdón y perdonar, para estar libre de ese terrible mal. En el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz día en el Señor.

martes, 30 de enero de 2018

Libre de la joroba de nuestra pesada carga

¿De qué nos endereza el Señor?

Cuando hemos hecho algo, que sabemos que bien no ha estado, nos intranquiliza, nos desasosiega, y llegamos a tener un sentimiento de culpabilidad.  Esto es remordimiento. Cuando esto es reiterante, cada cosa que hemos hecho mal, se nos va acumulando.  A tal grado que se va haciendo una cada vez más y más pesada carga sobre nuestras vidas. Vamos en cada paso cargando tantas culpas, que con el tiempo nos va encorvando.  Pero Jesucristo no desea que estemos en ese estado y Él nos endereza, sí lo pedimos, con rapidez y entereza. “y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.” Lc.13:11-13.
Padre qué alegría nos da que Tú nos has liberado de la culpabilidad, de esa pesada carga que acumulábamos en el pasado que nos hacían caminar encorvado.  Pero tu mano ha caído sobre nuestra espalda y Tú te has llevado nuestras cargas en el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz día en el Señor. 

sábado, 12 de agosto de 2017

Culpabilidad y soberbia, dos caras de una misma moneda

¿Quién nos libra de toda culpa?
Nuestro Dios y Señor: “Hoy, creo que puedo percibir una clara conexión entre mi culpabilidad y mi soberbia. Ambas me servían para atraer la atención de la gente. En mi soberbia podía decir: "¡Mira lo magnífico que soy!" Sumido en la culpabilidad, lloraba, "Soy un hombre horrible." Por lo tanto, la culpabilidad es la otra cara de la moneda de la soberbia. La culpabilidad nos encamina a la autodestrucción, y la soberbia está encaminada a la destrucción de otra gente.”  Bill Wilson; “El Lenguaje del Corazón”; “La humildad para hoy” pág.258.

La culpa es la mejor arma que tiene el enemigo para querer destruirnos.  La culpa nos sume en estados depresivos autodestructivos.  Interesante la postura de Bill Wilson, en cuanto a que la culpa es la otra cara de la moneda de la soberbia.  Pero, mientras la soberbia afecta a otras personas, la culpabilidad lleva el objetivo de la autodestrucción.  Destruimos la culpabilidad confesando nuestros pecados a nuestro Dios y Señor, así como reparando el daño (cuando esto es posible) a quienes hemos afectado.  Jesucristo nos libra de toda culpa. “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.  Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah” Sal.32:5.

Padre, nuestro pecado siempre está delante de Ti.  Cuando confesamos los mismos, Tú nos libra de toda iniquidad, por lo tanto, nos liberas de culpabilidad.  Por supuesto, que siempre seremos responsables de las consecuencias de nuestros pecados, pero somos libres de toda culpa, en el nombre de Jesús, amén.  Tu hermano y amigo Daniel Aragón.  Feliz día en el Señor. 

martes, 8 de agosto de 2017

¿Una buena petición al Señor?
Enséñame oh Dios tu camino y guíame por la senda de rectitud: “Al hacer mi inventario de estos defectos, suelo hacerme un dibujo y contarme una historia. El dibujo es de mi Camino hacia la Humildad, y la historia es una alegoría. Por un lado de mi Camino, veo una gran ciénaga. Al borde del camino hay un pantano poco profundo que va descendiendo hacia una fangosa marisma de culpabilidad y rebeldía donde a menudo me he encontrado andando torpemente. Allí la autodestrucción tiende su emboscada, y lo sé. Pero al otro lado del camino, el paisaje me parece tener un aspecto bello. Veo un bosque con claros encantadores y, más allá, altas montañas. Las numerosas sendas que conducen a este país atractivo parecen seguras. Creo que será fácil volver a encontrar mi camino.”  Bill Wilson; “El Lenguaje del Corazón”; pág.255.

Cuando existe la buena voluntad para poner nuestra vida y voluntad al cuidado de Dios; Él es quien se encarga de enseñarnos los caminos.  Aquel que conduce al pantano de soberbia, rebeldía y desobediencia, como el otro que nos lleva a los soleados bosques llenos de vegas y caudalosos ríos.  Donde la flora y la fauna reverdecen y nuestra vida se llena de frutos apacibles de justicia.  Él mismo hacia ahí nos guía.  “Enséñame, oh Jehová, tu camino, Y guíame por senda de rectitud A causa de mis enemigos.”  Sal.27:11.

Padre, que la enseñanza de tu Camino siempre esté conmigo. Que tu guía por las sendas de rectitud y justicia esté siempre en mi vida.  Que tu amor, bondad y misericordia jamás me falten en ese caminar contigo y que Tú mi amado Dios y Señor siempre seas mi amigo.  En el nombre de Jesús, amén.  Tu hermano y amigo Daniel Aragón.  Feliz día en el Señor.