Cuando
hemos hecho algo, que sabemos que bien no ha estado, nos intranquiliza, nos
desasosiega, y llegamos a tener un sentimiento de culpabilidad. Esto es remordimiento. Cuando esto es
reiterante, cada cosa que hemos hecho mal, se nos va acumulando. A tal grado que se va haciendo una cada vez más
y más pesada carga sobre nuestras vidas. Vamos en cada paso cargando tantas
culpas, que con el tiempo nos va encorvando.
Pero Jesucristo no desea que estemos en ese estado y Él nos endereza, sí
lo pedimos, con rapidez y entereza. “y
había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de
enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando
Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso
las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.”
Lc.13:11-13.
Padre
qué alegría nos da que Tú nos has liberado de la culpabilidad, de esa pesada
carga que acumulábamos en el pasado que nos hacían caminar encorvado. Pero tu
mano ha caído sobre nuestra espalda y Tú te has llevado nuestras cargas en el
nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz día en el Señor.
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martes, 30 de enero de 2018
sábado, 12 de agosto de 2017
Culpabilidad y soberbia, dos caras de una misma moneda
¿Quién nos libra
de toda culpa?
Nuestro Dios y
Señor: “Hoy,
creo que puedo percibir una clara conexión entre mi culpabilidad y mi soberbia.
Ambas me servían para atraer la atención de la gente. En mi soberbia podía
decir: "¡Mira lo magnífico que soy!" Sumido en la culpabilidad,
lloraba, "Soy un hombre horrible." Por lo tanto, la culpabilidad es
la otra cara de la moneda de la soberbia. La culpabilidad nos encamina a la
autodestrucción, y la soberbia está encaminada a la destrucción de otra gente.” Bill
Wilson; “El Lenguaje del Corazón”; “La humildad para hoy” pág.258.
La
culpa es la mejor arma que tiene el enemigo para querer destruirnos. La culpa nos sume en estados depresivos
autodestructivos. Interesante la postura
de Bill Wilson, en cuanto a que la culpa es la otra cara de la moneda de la
soberbia. Pero, mientras la soberbia
afecta a otras personas, la culpabilidad lleva el objetivo de la
autodestrucción. Destruimos la
culpabilidad confesando nuestros pecados a nuestro Dios y Señor, así como
reparando el daño (cuando esto es posible) a quienes hemos afectado. Jesucristo nos libra de toda culpa. “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi
iniquidad. Dije: Confesaré mis
transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah” Sal.32:5.
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