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viernes, 25 de mayo de 2018

Hay veces es mejor cubrir la falta


¿Qué hace quien cubre una falta?
Busca amistad: “Arrepentirse no se trata de aliviar nuestras conciencias culpables, sino de aceptar nuestras responsabilidades”—le expresó el maestro Gaudencio a su estudiante Eustaquio. “Pero quería pedirle perdón a mi amigo y decirle que fui yo el que con su novia se fugó. Esto mucho dolor le provocó. “Sí, pero ella aún está con él. Debemos de procurar pedir perdón a quien hicimos mal, pero no puedes liberarte de la culpa afectándoles la vida, a él y a ella, aún más. ¿Quieres tú seguir con su amistad? –Eustaquio asintió con la cabeza—entonces tienes que pedirle perdón a Dios y cubrir esa falta. Nunca divulgarla.” Cuentos del Reino; Daniel Aragón; “Cuando cubrir y no confesar tu falta”; 24-05-2018. 

Muchas veces, a quienes más lastimamos son las personas que más amamos.  En un esfuerzo por librarnos de la culpa que sentimos por lo que hemos hecho, queremos confesarle detalles horribles de cosas, que es mejor callar. Semejantes confesiones hacen peor daño y nada tienen de bien. En este caso, y sólo en estos casos, es mejor ponerse a cuenta con Dios y confesarle todo a Él. También puedes usar un confidente y ponerse a cuentas con Dios. NO queremos causar más daños, podemos afectar la relación de una pareja, de padres, o de socios y amigos. “El que cubre la falta busca amistad; Mas el que la divulga, aparta al amigo.” Pr.17:9.

Padre, dame sabiduría para discernir plenamente aquellos casos en los que no divulgar la falta, es mucho mejor que confesarla pidiendo perdón a aquellas personas que muchas veces amamos y estimamos. Perdón por esos errores, en el nombre de Jesús, amén. Tu hermano y amigo Daniel Aragón. Feliz día en el Señor.

sábado, 12 de agosto de 2017

Culpabilidad y soberbia, dos caras de una misma moneda

¿Quién nos libra de toda culpa?
Nuestro Dios y Señor: “Hoy, creo que puedo percibir una clara conexión entre mi culpabilidad y mi soberbia. Ambas me servían para atraer la atención de la gente. En mi soberbia podía decir: "¡Mira lo magnífico que soy!" Sumido en la culpabilidad, lloraba, "Soy un hombre horrible." Por lo tanto, la culpabilidad es la otra cara de la moneda de la soberbia. La culpabilidad nos encamina a la autodestrucción, y la soberbia está encaminada a la destrucción de otra gente.”  Bill Wilson; “El Lenguaje del Corazón”; “La humildad para hoy” pág.258.

La culpa es la mejor arma que tiene el enemigo para querer destruirnos.  La culpa nos sume en estados depresivos autodestructivos.  Interesante la postura de Bill Wilson, en cuanto a que la culpa es la otra cara de la moneda de la soberbia.  Pero, mientras la soberbia afecta a otras personas, la culpabilidad lleva el objetivo de la autodestrucción.  Destruimos la culpabilidad confesando nuestros pecados a nuestro Dios y Señor, así como reparando el daño (cuando esto es posible) a quienes hemos afectado.  Jesucristo nos libra de toda culpa. “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.  Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah” Sal.32:5.

Padre, nuestro pecado siempre está delante de Ti.  Cuando confesamos los mismos, Tú nos libra de toda iniquidad, por lo tanto, nos liberas de culpabilidad.  Por supuesto, que siempre seremos responsables de las consecuencias de nuestros pecados, pero somos libres de toda culpa, en el nombre de Jesús, amén.  Tu hermano y amigo Daniel Aragón.  Feliz día en el Señor. 

lunes, 31 de julio de 2017

¿Cómo debe de ser la confesión de nuestros pecados ante Dios y los hombres?
Asumiendo totalmente la culpa y responsabilidad: “…el autoexamen y la confesión de nuestros defectos, tampoco me han resultado demasiado difíciles. Naturalmente, mi autoanálisis ha sido frecuentemente imperfecto. A veces, no compartía mis defectos con la gente apropiada; en algunas ocasiones, he confesado sus defectos, en lugar de los míos; y en otras, mi confesión de defectos se ha parecido mucho a una queja clamorosa de mis circunstancias y problemas.”  Bill Wilson; “El Lenguaje del Corazón”; pág.239.

Es común de nuestra parte señalar los defectos o pecados de las demás personas que los nuestros.  Otra mala costumbre es, responsabilizar a otros o a las circunstancias de nuestros errores y tragedias.  Pero asumir con responsabilidad nuestros pecados, errores o defectos de carácter; confesarlos delante de Dios y de los hombres (delante de personas adecuadas: consejeros íntimos, psicólogos, psiquiatras, pastores, sacerdotes, etc.); es una excelente decisión que conduce al perdón y al cambio.  “Después que David hubo censado al pueblo, le pesó en su corazón; y dijo David a Jehová: Yo he pecado gravemente por haber hecho esto; mas ahora, oh Jehová, te ruego que quites el pecado de tu siervo, porque yo he hecho muy neciamente.” 2Sam.24:10.

Padre, Tú eres nuestro máximo confesor y además a Ti jamás podremos engañarte al confesar nuestros errores, pecados o defectos de carácter.  Te pedimos que tengamos la honestidad necesaria para asumir con responsabilidad nuestros errores, confesarlos delante de Ti y los hombres para el perdón de los mismos y estar disponibles al cambio por tu Santo Espíritu; en el nombre de Jesús, amén.  Tu hermano y amigo Daniel Aragón.  Feliz día en el Señor.